La leyenda del Trovador Macías

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Leyendas

Existen varias leyendas alrededor de la figura del Trovador Macías, pero todas ellas concluyen con el amor tan profundo que este le tenía a su amada, a la que dedicaba hermosas poesías cantadas con su laúd. 

El Trovador Macías y María de Albonoz

La primera leyenda cuenta la historia de amor del Trovador Macías y María de Albornoz. Cuenta la leyenda que el Trovador Macías nació en un pueblo gallego entre los años 1340 y 1370, aunque poco se sabe de la infancia y juventud de este joven noble.

El Trovador Macías tenía una voz especial para el canto. Sus trovas emanaban fuerza, sentimiento y dulzura. Le encantaba escribir poesía para cantarla acompañada de su laúd. Sus trovas comenzaron a ser tan populares, que Enrique de Aragón, marqués de Villena, lo requirió como doncel.

Desde entonces, Macías comenzó a ganar popularidad, especialmente, entre las mujeres; ya que sus poemas eran conocidos por contar con delicados sentimientos amorosos. Algo que no pasó desapercibido por María de Albornoz, esposa de Enrique de Aragón. La poesía de Macías hizo que María de Albornoz se enamorara del trovador y que, además, esta fuera correspondida.

El canto del trovador fue más hermoso desde aquel momento. Cantaba poesías llenas de sentimiento, pero también de intensa amargura, ya que tenían que esconder su amor. Mientras que Macías y María se encontraban en secreto, don Enrique se encontraba preocupado por aumentar su poder conquistando nuevos territorios. Para el marqués de Villena, la única forma de conseguirlo era estando viudo o soltero, por lo que pasaba sus noches ideando algún plan para deshacerse de su mujer.

Cuando ideó el plan, el marqués de Villena quiso que fuera Macías el que lo realizara. Macías debía de ser quien matara a la fuente de su inspiración y al amor de su vida. Esto hundió al trovador en la desesperación y en la tristeza porque sabía que, antes o después, alguien mataría a su amada María.

A pesar de que Macías y María siguieron viéndose, el trovador no le dijo nada para evitar la preocupación de la muchacha. Los cantos del trovador se volvieron tristes y desoladores, hasta que unos bandidos, a cambio de unas monedas, secuestraron a María llevándola a un bosque lejano y, tras una fuerte paliza, la llevaron hasta el castillo de Arjonilla, en la provincia de Jaén.

***

En la propiedad del marqués de Villena la dejaron inconsciente en el calabozo más apartado y oscuro que existía allí. Al día siguiente, Enrique de Aragón denunció fingidamente la desaparición de su mujer. Las ropas ensangrentadas en el bosque de María dieron la voz de alarma. Nadie encontró el cuerpo de la mujer y, por tanto, don Enrique estaba viudo. Entonces, el marqués consiguió uno de sus propósitos: convertirse en Maestre de la Orden de Calatrava.

Mientras tanto, Macías componía poesías tristísimas, aumentando el rumor del amor entre el trovador y María y los cuales llegaron a los oídos de don Enrique que, enfadado por la traición, culpó al propio trovador de la muerte de su mujer. Macías fue a prisión y lo llevaron al mismo castillo donde se encontraba su amada. Lo encerraron muy cerca de ella, a oscuras, encadenado, a pan y agua y sin su laúd.

Sin embargo, los dos amantes pronto se dieron cuenta de lo cerca que estaban, aunque estuviesen separados. Mientras a María se le escuchaba sollozar durante parte del día, a Macías se le escuchaba dedicarle bellos versos de amor para intentar animarla. Era tan puro el amor que se tenían que hasta los propios carceleros derramaban lágrimas e intentaban ayudarles con más raciones de pan y agua. Incluso los habitantes de Arjonilla se acercaban a escuchar al trovador, por el que sentían un cariño muy especial.

Un día, el ya Maestre de Calatrava se presentó en el castillo de Arjonilla sin previo aviso. Al acercarse a los muros, sorprendió a un grupo de personas sentado al lado de las rejas de los calabozos escuchando los versos de amor de Macías. Preso de la ira, cogió su lanza y, sin mediar palabra con los carceleros, entró en la celda de Macías y le atravesó el corazón.

Todos los habitantes de Arjonilla lloraron en su entierro, incluida María, a la que dejaron libre para que pudiera acudir. Desde entonces, María era una pena en vida. Todas las tardes se sentaba al lado de la celda de Macías, moviendo su cuerpo como si escuchara las melodías de su amado. Por la noche, dormía sobre la lápida de Macías con unas flores silvestres.

Un día, María no acudió a la celda de Macías y todos supieron donde encontrarla: en la tumba de Macías. Su cuerpo sin vida yacía sobre el epitafio “aquí yace Macías, el enamorado”. En su rostro, se dibujaba una dulce sonrisa y en su mano se encontraban las flores que le llevaba a su trovador todos los días.

El Trovador Macías y doña Elvira 

Otra leyenda, igualmente extendida, cuenta la historia de amor entre el Trovador Macías y doña Elvira, esposa de Hernán Pérez de Vadillo, marqués de Porcuna. Según esta leyenda, cuando Macías ya se encontraba con don Enrique de Aragón, conoció a doña Elvira. Macías le salvó la vida a la dama cuando cabalgaba por un puente, evitando caer a un río y, es entonces cuando ambos jóvenes se enamoran.

Sin embargo, en aquella época, un joven debía mostrar su valía espada en mano y Macías tuvo que ir a luchar a Granada. Mientras tanto, don Enrique de Aragón dispuso que doña Elvira se casara con don Hernán Pérez de Vadillo, marqués de Porcuna. El trovador Macías quedó desolado ante tal noticia y convirtió su desolación en poesía.

Un día, después de un encuentro con doña Elvira, el trovador Macías se encontró con el marqués de Porcuna y, sin conocerlo, le declaró su amor por doña Elvira al propio esposo. Don Enrique, entonces, ordenó encarcelarlo en el castillo de Arjonilla.

A pesar de estar prisionero, Macías seguía cantándole a su amada. Sus canciones eran tan hermosas que la multitud se congregaba todos los días al lado de la celda del trovador para escucharlo. Estas noticias llegaron hasta el marqués de Porcuna que, lleno de celos y rabia, lo mató.


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